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jueves, 20 de junio de 2013

El jardín de Roland



Entro en tu  jardín, Roland, y como siempre en los sueños, todo parece irreal, o más bello. Percibo cómo empujo la verja de hierro para entrar, cómo camino descalza por una alfombra de musgo suave, terso. 
El aire es fragante, una luz intensamente azul lo inunda todo y  hay calma…
Empiezo a percibir objetos, colores…el verde de los setos, las formas de las flores, como si hubiera entrado en un trocito de cuadro con textura de brochazos en relieve, en distintas direcciones”... como si un alma traviesa se hubiese entretenido en pintar un lienzo en blanco y el resultado hubiera sido una composición abierta con un fondo de suaves colores difuminados en tonos azulados, verdeoscuro y anaranjados”.
Suavemente, de la nada, aparecen mariposas que aletean entre mis dedos. Las observo. ¡Son tan frágiles, tan delicadas, y tan fuertes a la vez!... Tan perecederas y transformadoras…
¡Cómo puede haber, como en la vida, tanta belleza en algo tan efímero!
Son un soplo de viento de alas inmensas en comparación al tamaño de su cuerpo... exactamente igual que la esencia divina que hay en tí, Roland.
Sigo caminando por el sendero, buscándote, y cuando te encuentro, estás sentado en un banco de madera junto al estanque de los lotos, sereno, tranquilo, leyendo. Alzas la cabeza y al verme, sonríes. Sostienes un libro  de sueños entre las manos.  La tarde se tiñe de violetas y yo me acerco a tí lentamente. Me siento a tu lado y miro a mi alrededor.
Hay jazmines blancos y bungabillas por todas partes, enredadas entre las columnas de mármol que nos rodean, flotando entre los setos, en la hierba. Todo el jardín parece estar cubierto de flores blancas y rosadas. Te miro, te observo, y me conmueve la luz que irradia tu sonrisa.
El aroma a jazmín se hace tan penetrante que ya no sé si lo desprenden las flores o lo emana tu alma. Sé que me inunda y me transporta. Permanecemos así largo rato, en silencio, contemplándonos, y ES en ese instante, al asomarte tú al ESPEJO de mi alma, cuando Yo te veo tal y como eres realmente:
Hermoso, intenso, inabarcable, profundo, insondable, pleno… inquieto, grácil, transformador y bello”…
Pues has de saber, querido compañero de camino, que no puedes ver en mí algo que no esté, en realidad, en tu interior.



Barcelona, Junio de 2013, Para Roland Espejo, compañero de camino...

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