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martes, 22 de enero de 2013

Mañana de Enero


 Hay una tristeza contagiosa en los trenes, en las ciudades grises bajo la lluvia atravesadas de invierno, de cielo plomizo, y de nubes resbalando frías en ese cielo. Tan frías, que me recuerda que hay corazones que no tienen alma, o si la tienen es como un trozo de luna suspendida de un hilo de lágrimas oscuras.
La tristeza de los trenes es contagiosa, parece que van a algún sitio, pero no van a ninguna parte, o tal vez es mi vida la que está detenida.
Desde la ventana de mi despacho veo un trozo de cielo y creo sentir el lamento triste del mar, tan cercano...como quejándose, como quebrándose contra el cristal, o tal vez es simplemente la lluvia, no lo sé...
Esta mañana de Enero es tan triste, que, por una vez, me he escrito un poema a mí misma, ya que no creo que vaya a venir nadie a regalarme rosas hoy:

“Deja que pase la lluvia, deja que se aleje el invierno, porque las cosas no vividas, habitan en las paredes del alma. Ahí se guarecen del frío, sueñan con el mar, se protegen de la muerte y se hacen fuertes, y sin sobreaviso, nos sorprenden. Abren una botella de vino y nos invitan a brindar mientras la luna clava sus dientes de estrellas en nuestro corazón. Es entonces cuando sabemos que es tiempo de volver a amar” 

















Mar, 22 de Enero de 2013

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